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A los organismos competentes A la población impactada A la opinión pública Por la presente vengo a ratificar, al igual que lo que expresáramos en el año 2009 junto al Dr. Fabio Kalesnik, la conveniencia de declarar un área natural protegida dentro del predio de la “I Brigada Aérea de El Palomar”, con el objeto de preservar la diversidad de seres vivos, ambientes y procesos ecológicos existentes. Al mismo tiempo, advertir que dicha diversidad ya se encuentra impactada y amenazada por el proyecto “Incremento de Servicios Aerocomerciales en Aeropuero El Palomar”. Sin discutir si la obra proyectada / en ejecución posee la suficiente relevancia para justificar el impacto negativo en la naturaleza del predio, considerando la Ley General del Ambiente (Nº 25.675), y en virtud de haber leído el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) elaborado por Aeropuertos Argentina 2000 en marzo de 2018, deseo expresar las siguientes apreciaciones.
Los estudios de impacto ambiental deben contener la identificación de las consecuencias que el proyecto tendrá sobre el ambiente. Un EIA está destinado a identificar e interpretar, así como prevenir las consecuencias que acciones o proyectos determinados podrían causar en el ambiente. En lo que refiere al ambiente no humano (animales, plantas, ambientes, etc.), se observa un sesgo totalmente contrario al objetivo de un EIA, es decir, se atiende y se pone énfasis en el impacto que el ambiente podría tener en la obra proyectada. Es ejemplo de lo anterior, la siguiente oración: "Dentro de las aves, las no paseriformes presentarían el mayor riesgo para la aviación". En un EIA se esperaría que dijera "dentro las aves, las no paseriformes sufrirían el mayor impacto por la obra en evaluación". Sin objetar que las cuestiones de seguridad aeronáutica deben ser consideradas, éstas deben ser tratadas en el plan del proyecto, y no en el EIA.
Respecto a compensar la potencial pérdida del ambiente (misma página que el ejemplo anterior), no deberían proponerse sitios creados o anunciados previamente a la obra que se evalúa, dado que no fueron creados o anunciados con el fin de compensar el proyecto en cuestión. La creación y puesta en funcionamiento de un área natural protegida dentro del predio, que tenga como objetivos la preservación de la diversidad biológica y de ambientes y los procesos ecológicos naturales, sería una medida de compensación mínima y razonable de proponer. En el apartado de agua subterránea se concluye que los valores hallados cumplen con las normativas nacionales e internacionales. Al respecto, es destacable resaltar que sin la obra en cuestión, y con un porcentaje importante de superficie cubierta por ambientes de desarrollo natural, la calidad de dicha agua es buena. En particular, para nitratos, los valores más bajos fueron los pozos 4 y 5, es decir, los que se ubican más al sur, cerca de los ambientes de desarrollo natural. Por otro lado, es criticable desde el punto metodológico que se indique que se realizaron 10 pozos de monitoreo y no se encuentran los resultados de uno de ellos (el número 6). De igual forma, las coordenadas de los pozos 9 y 10 no difieren entre sí, y no pude distinguirse si se trata o no del mismo pozo.
Respecto al monitoreo de agua superficial, se concluye que los valores hallados cumplen con los valores guías. El mismo fue realizado en cursos de agua que se desarrollan a cielo abierto y con vegetación natural que crece dentro y sobre sus márgenes. Por lo tanto, nuevamente es útil destacar que sin la obra proyectada, y con cursos de agua en equilibrio con la vegetación circundante, la calidad del agua es adecuada.
En el apartado de calidad del suelo, se indica que los resultados se encuentran por debajo de los límites por lo que, en la condición preproyecto, la calidad del suelo no presenta valores que indiquen contaminación. Esto pone de manifiesto, una vez más, la característica no contaminadora que poseen los ambientes naturales que pueden, inclusive, revertir la situación a condiciones menos contaminadas. Asimismo, es destacable la detección de plomo en los pozos 1, 2 y 8, ya que se encuentran en la infraestructura aeropuertaria, y lejos de los ambientes de desarrollo natural. Por otro lado, la tabla vuelve a poner de manifiesto la ausencia de los valores correspondientes al pozo número 6.
Respecto a la matriz de impacto ambiental, la metodología propuesta por Luna B. Leopold y colabodores en 1971 indica la asignación de valores del 1 al 10, de magnitud e importancia, para las interacciones entre las acciones proyectadas y los componentes evaluados. Sin embargo, si bien en el EIA en cuestión se encuentran valores de magnitud, aunque a una escala “baja – media – alta”, no están consignados los valores de importancia. Por otro lado, no se observa en la matriz que se hayan evaluado las acciones relacionadas a construcción de infraestructura. Asimismo, el paisaje constituye una escala de análisis del medio biológico con un considerable y complejo bagaje de conocimientos desarrollados dentro de la ecología del paisaje. A pesar de que sus elementos son cualificables, cuantificables y susceptibles de análisis; no se observa que hayan sido analizados bajo alguna metodología.
En el desglose de la matriz, en lo que refiere a operaciones de aeronaves, se consigna una valoración neutra en la flora, pero al mismo tiempo se indica que serán restringidas las especies arbóreas de cierto porte. Todos los árboles cumplen funciones ecológicas relevantes, independientemente de su origen nativo o no nativo (ej. captura de dióxido de carbono, producción de oxígeno, refugio de animales, etc), es decir aportan y determinan la estructura y el funcionamiento del ecosistema. Por lo tanto, si los árboles altos deben ser cortados, entonces la flora sí se ve impactada negativamente y no debería ser valorado en forma neutra. Respecto a la fauna, el control aviario y de otros animales va a afectar claramente a la fauna. Considerando que se propone como una actividad diseñada para tal fin, el impacto será de una magnitud mayor a baja.
En el apartado de movimiento de pasajeros se indica una valoración neutra para los componentes paisaje, flora y fauna. Sin embargo, el aumento de tránsito de personas provenientes de otras regiones, aumenta la probabilidad del arribo de especies no nativas con características invasoras que pueden afectar a escala del predio y de la región. Por lo tanto, su magnitud debe ser distinta de neutra y deben plantearse medidas de mitigación. Respecto a las tareas de mantenimiento y limpieza del predio, la valoración para los tres componentes analizados para el medio biológico es neutra. No obstante, si dichas tareas incluyen el cambio de uso de suelo de área silvestre a superficie cementada o con vegetación mantenida o parquizada (ej. césped cortado periódicamente), entonces la magnitud de dicha acción será relevante y distinta de neutra.
En lo que refiere a medidas de seguridad operacional, se asume un valor de impacto medio para el medio biológico y se propone minimizar la intervención y analizar la revegetación con especies nativas. La creación de un área natural protegida se encuentra en concordancia y facilitarían la realización de estas medidas propuestas. Inclusive, la vegetación está indicada en este EIA como una barrera acústica en el apartado de medidas específicas de mitigación de ruido.
Para las acciones referidas al mantenimiento de espacios verdes y su impacto sobre la flora y la fauna, se indica que éstas poseen “un impacto inevitable sobre la flora y la fauna". Se recomienda que "es conveniente no degradar la zona de albergue de flora y fauna, ya que se puede generar un desequilibrio" y que no es conveniente que el suelo se erosione para evitar las cortinas de polvo. Para esto último se indica que los suelos deben estar parquizados, sin embargo la vegetación silvestre actual ya cumple con esa función, y lo hace sin ningún costo monetario, por lo que no habría motivo para parquizar.
Como se informa en el EIA en cuestión, a pesar de que como se señaló en los párrafos anteriores algunos impactos podrían estar subestimados, uno de los mayores impactos es “la afectación de los ambientes naturales o naturalizados contiguos a la pista". En la síntesis de tareas realizadas se indica el “desmalezado de áreas contiguas” y también que "se ha intervenido hasta la fecha de este informe 10 ha, sobre las 140 ha". En ninguna parte del EIA se explicita, o al menos se deja intuir, que las intervenciones y su impacto vayan a cesar en el tiempo, y que no se extenderán en superficie en el resto del predio, con motivo de seguir aumentando la capacidad de operaciones, y/o por motivos de seguridad operacional u otros. En consecuencia, se presume un impacto en el medio biológico sostenido en el tiempo, que podría ser acumulativo, y que, por lo tanto, se constituiría como un impacto irreversible.
Por último, es importante destacar que para asignar el impacto en el medio biológico es relevante considerar también qué cambios ecológicos ocurrirían en ausencia del proyecto (ej. sucesión ecológica, aumento en el número de especies, etc.). Ésto se basa en que los ecosistemas jóvenes y/o secundarios tienden a aumentar su valor de conservación con el tiempo. Esto significa que a pesar de que un ambiente pueda considerarse de bajo valor de conservación en la condición actual, su valor se incrementará si los impactos son evitados.

Por todo lo expuesto, y como dijera en el primer párrafo, sostengo que la designación y puesta en marcha de un área natural protegida dentro del predio de la “I Brigada Aérea de El Palomar” contribuiría a asegurar la conservación de la naturaleza para las generaciones actuales y futuras.


Dr. Horacio Sirolli
Licenciado y Doctor en Ciencias Biológicas (Universidad de Buenos Aires)
Premio UNESCO – Sultán Qabús a la Preservación del Medio Ambiente
Autor del informe: Relevamiento Ambiental del Predio de la “I Brigada Aérea de El Palomar”. Provincia De Buenos Aires. Caracterización ecológica y evaluación de su condición como unidad de manejo yconservación (Año 2009).





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